viernes, 12 de abril de 2013

Morocha del éter



Era aquel momento, el día y la hora señalada. Llegó y se sentó a la mesa, levantó la mirada y apareció.
Cruzaba los dedos para que fuera ella quien le tomara el pedido. Esa moza tenía un jean azul, zapatillas blancas, una remera que coincidía con el verde de sus ojos.Un delantal y un pañuelo completaban su look.
   Él degustaba su sandwich de milanesa, bebia una gaseosa. Disfrutaba aquel manjar, nada más ocupaba su mente; recordó vagamente cuestiones de trabajo, una revista, un libro y una casa en el norte de la ciudad. Mientras comia, observó aquel lugar, el ir y venir de los clientes, de los cadetes que solicitaban pedidos para llevar a casas de clientes deseosos de consumir comida rápida, comida chatarra según sus detractores de la comida sana.
    
  Terminó su sandwich. La llamó para pedirle la cuenta.

-Treinta y cuatro pesos señor-Le dijo.

-Aqui tienes- Respondió él.

Le dió el vuelto, él sacó un billete de diez pesos para darle una propina, se los entregó, ella sonrió. Se levantó lentamente para verla otra vez, se marchó feliz por el momento vivido. Ese local quedó grabado en su memoria, supo que volvería por allí en otro momento, ya tenia un motivo.


*La foto ha sido tomada de internet.

4 comentarios:

Paola Guardo dijo...

Muy natural, está muy bien logrado, te manejas bien en este campo. Precioso Mauri. ¡Todos nuestros escritos llevan el alma!A menos que su autor no lo sienta. Hermoso!

mauricio rey dijo...

¡Gracias por leer-ver ésta crónica-film!
Saludos Paola.

María dijo...

Lo maravilloso de los relatos-cuentos es que nos hacen vivir aquello que nuestros corazones anhelan y ... no lo permite la realidad.
Le comparto las palomitas y el refresco mientras visionamos eso llamado cine y ... sonria por favor escriba, ya sabe que me gusta su risa.
Achuchones castellanos.

mauricio rey dijo...

¡Gracias por tu lectura y comentario!
Por estar conmigo en éste cine de palabras.
Besos y una sonrisa mia para tí.