canas eternas de la vieja
sabia
nieve en los andes que cierran
horizonte
ella pasará/ la montaña aún
no
ella dice/ alerta/ duele/ ese olor
duro
de las bocas de su
sangre
“mantengamos la piedra
el agua
la tierra virgen / fuera de
ponzoñas
dejemos a las hermanas
tribus
su posesión
originaria
y
de continuo el dulce contacto aquel
del pezón en labios de sus
crías”
nada/ en palabras de tajos/ de
rajas
todo/ en el aroma
hierbas
en el abrazo
vegetal
y el amor de
carne
ningún hilo
parido
tiene que
cortarse
aún en cólera/ en zonda/ en moscas/
en granizo/
ni a gritos
ni distancias
Biografia de Mabel Casas
Vení pequeña Pompadour, sacudite por un rato el papel picado, sentate, ¿puedo
contarte algo?
Dicen, ¿sabés? Que el rosa es de nenas, de sueños, de
horas ingenuas; así como la tela que está en medio de tu disfraz. Curiosamente
te pasa por los botoncitos de tu pecho, el centro de tu cintura, acuna tu
vientre y casi como sagrado o salvaje te tapa agujeritos, te roza de seda los
pies. Que sí que parece un milagro este cuento; porque veo tus blancos zapatitos
tirados, que me gusta que me escuches descalza.

Te hablaba del rosa y de tu
vestido, porque…
Érase un abanico que te tenía por dueñecita rosa…Cuando
pasó tu edad a ese color se sumó el verde como tus ojos, amaste los horizontes
abiertos; entonces ya no te ponías en la piel disfraces sino que buscabas
espejos.
Espejos de veras, de agua de ojos, de papel escrito de sueños de
trigo, de lazos de sangre, de pares, de pueblos con pies liberados. Caminabas y
aprendías, descubriste la arena, el asco, el deseo, el sudor de ganarse comida;
el apuro por ser lo que decían se debía ser y la sublimidad de ser
madre.
Sí, caminabas pero también te caías; con el tiempo que pasa y se
queda, se va y no vuelve y que al fin no cuenta porque nuestro tiempo en
realidad es cada día, una gota,

una gota como un día, a día, a
día…
Dicen también que toda fruta: madura, que toda raíz: subsiste; que
la vuelta a la tierra siempre es posible; entre topadas, arrastre y corajes, en
esas gotas cada día…Encontraste, aquel minuto de huída y regreso.
Sumaste
pulpa a la carne viva.
Y al verde se agregó otro color, este que es ahora
tu piel a punto…y seguido. Sumadas tus tintas escribientes, a seguir sin puntos
suspensivos.
Colorín colorado…la niña rosa, es ahora una mujer roja. Vos.
Hoy.
Ya vez, pequeña Pompadour de mi foto, acabo de contarte tu futuro
pasado mío.
La autora administra los siguientes blogs: