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sábado, 14 de junio de 2014

La llanura

Luis estaba concentrado en el manchón rojo de la pared, entreabría los ojos y buscaba convencerse de que todo era un sueño. Recordaba los detalles, anotaba mentalmente los pasos que lo habían llevado hasta Tania; de ella extrañaba la risa, el olor de su piel antes de despertarse, el idioma del tacto y las miradas.
Aquella mujer, con ternura y con fuerza golpeaba las puertas de la casa de Luis.Se despertó, salió presuroso al encuentro, se miraron de frente, pero en sus miradas la tristeza era más evidente. Ella no soportó más, y se alejó para perderse entre la sombra de los árboles. Él, y otra vez  en la carne una angustia insoportable, una rabia inusitada por no saber qué decir, la bronca por todo y por nada. Arañaba las paredes  y no entendía bien la distancia que existía entre ellos, no comprendía por qué ella sólo habitaba en vidrios empañados y en el ruido de las bisagras al cerrarse las ventanas.

martes, 1 de abril de 2014

Presencia

La sensibilidad de Nora era la de una lija, pasaba el día malhumorada, entregada a su destino de hija soltera. Su día comenzaba al abrir el quiosco que estaba frente a la escuela, allí el vaivén de niños y de maestras eran parte de su rutina. Cuando no había nadie, ella pasaba sus dedos por el vidrio del mostrador, o se entretenía escuchando la radio para ahuyentar los fantasmas que la visitaban con gritos, con los azotes de un cinto de cuero en la mano, a plena mañana y bajo el techo de chapa donde el Tata acomodaba sus cachivaches. Ejércitos de pesadillas la sitiaban, la derrotaban y ella se levantaba en medio de toda esa mugre con una amargura en la boca, era en la conciencia menos que el polvo bajo sus pies. Intentaba calmarse tomando agua, acomodándose el pelo, pero una y mil veces el monstruo regresaba más fuerte que la vez anterior. Nora respiraba agitada, veía cucarachas por las paredes y el piso, la nariz se le llenaba de un olor nauseabundo, su mirada buscaba un refugio cuando desde lo profundo de su ser gritaba: ¡Soltame! ¡Soltame basura!.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Regiones

Las primeras dos cuadras de la calle la ocupaban locales de ropa y una sucursal del banco, allí Tania estaba impaciente porque los cajeros tardaban en atender. Respiró, y soltó un lento, largo y sostenido suspiro. Ya faltaban dos personas y llegaría su turno para pagar, pudo por fin hacerlo. Salió, y el paisaje la entristeció un poco.
Buscó en su cartera un pañuelo para secarse la transpiración, luego sacó un espejo y un lápiz de labios. Continuó caminando hasta la parada del ómnibus, miró a los vendedores, a las mujeres gitanas con sus hijos, a los afiches; todo era distinto, pero había un símil en algunos puntos.

De aquella época, Luis recordaba encuentros fugaces, besos robados y pedidos, lágrimas, risas, letras de canciones y el poemario que alguna vez comenzó con Tania.


Ya en su casa, abrió la heladera y nerviosa buscaba la pastilla para calmar su dolor de cabeza. La tomó tan violentamente, que cuando apoyó el vaso de agua sobre el mesón, casi estalla. Se fue inmediatamente al dormitorio, y su cabeza cayó pesada sobre la almohada.
Eran las dos de la tarde de un martes, y mientras todos bufaban porque esto era un infierno, ella se mantenía indiferente, concentrada en varios objetos al mismo tiempo. Miró su reloj, se levantó para marchar sin rumbo fijo. Sus ojos se maravillaban con las casonas de la calle Salta, con los eucaliptos del parque a los que creía guardianes de ese lugar. Quedaba muda frente a  los leones al costado del pórtico negro, con las esculturas del santo y del Kakuy.  Bailaban mil imágenes, y Tania amaba aquel ritmo, no sentía soledad, ni angustia, ni tristeza. Reía incesantemente. Abrió sus brazos para dejarse acariciar por el viento, se dejó llevar por ríos caudalosos, cruzó al otro lado del mundo sin levantarse jamás del lecho.


martes, 9 de julio de 2013

La niebla

















   Mañana no estarás aquí, serás un recuerdo, tus ojos mirarán el desierto, el río y el monte, todo en un mismo cuadro. ¿Recuerdas la noche anterior? Tenías un brillo y una tristeza mezcladas, cada cual estaba en lo suyo. Sólo te escuchaba y ordenaba las palabras para decirte lo que pensaba, si es que acaso yo pensaba. Mi caos no era menor que el tuyo, entonces, las tormentas que nos habitaban causarían un estrago fulminante sobre la tierra.Tal era nuestra situación.


   Cruzada de manos y piernas, callada y gris. Aún así te contemplo hermosa, criatura salida del Olimpo. Fumo, y detrás de ese humo apareces. Quisiera saber qué sentido tiene la alucinación que sufrimos, encontrar una cura definitiva o un paliativo que mengüe la aparición de fantasmas, sombras y voces que dictan salir a vagar por la ciudad, a nadar en el Mishky Mayu tentando a la parca.

  Siete y media marca el reloj, te tomo los dedos y tu temperatura está en la cúspide. Llamo a una enfermera, a un médico, y los idiotas no llegan nunca. Otra vez grito: ¡Vengan por favor! ¡Vengan que la paciente se nos va! Nadie viene y Lucrecia es invadida por una brisa gélida, está y no está...


 ...en un recodo del camino se ha perdido, su espíritu y su cuerpo se esfumaron en aquella blanca tumba.





1) La fotografía ha sido tomada de internet.

martes, 26 de febrero de 2013

Una tarde en el tiempo

La conoció cuando ella trabajaba en la farmacia. Él era uno más que entraba a comprar aspirinas y crema para afeitar. Era amable, y ya los empleados lo distinguian, decian: "Ahi viene el poeta, cuidado que te hace el verso Naty.Parece que viene por vos". Ella no pensaba en eso, sólo en llegar a fin de mes, pagar el alquiler sin apretar tanto los dientes.


Facundo Ramirez, era por aquella época un administrativo del Consejo. Sus días transcurrían entre paredes amarillas que escuchaban lo debido y lo indebido. Sufría de insomnio, así que cada tanto llegaba con los ojos rojos; sabía que podían echarlo, por lo que se empeñaba en combatir aquel mal.
Miraba los expedientes, los ordenaba y cuando algún docente lo consultaba, él les respondía pausado acerca de la situación, y los enviaba a las oficinas, direcciones y subdirecciones correspondientes. Esa era su vida, a la que le agregaba la lectura de diarios, revistas y a coleccionar miniaturas de autos deportivos.


Naty, o Natalia Peralta según figuraba en su documento y en la identificación a la izquierda de su chaqueta blanca, estudiaba la carrera de farmacia en la facultad. Vivía sola hace un año, vivía cerca del aeropuerto, así que estaba acostumbrada al ruido de las turbinas y presenció desde la vereda de su casa la caida de aquel avion de guerra. Por dentro una soledad la invadia, la calmaba ocupándose de limpiar la casa, realizando artesanias, reciclando y pintando muebles viejos. En un momento recordó con risas a aquel cliente que le regalaba golosinas, mientras le repetia "Son para endulzar la tarea señorita".


Facundo había tenido un mal día, se le traspapeló un documento y ocupó toda la siesta y la tarde buscando en archiveros, en armarios, en escritorios, hasta que lo encontró y pudo calmar a su jefa con tranquilidad y la habilidad de un negociador.
Al terminar su tarea, desató el nudo de su corbata, respiró y movió el cuello de izquierda a derecha, tuvo paz.Cerró la oficina, bajó lentamente la escalera. Saludó al guardia, caminó hasta la vereda y en el vidrio de un auto advirtió su barba descuidada; tenía una excusa para ir a la farmacia, antes compró unos caramelos de menta en el kiosco. Al llegar abrió la puerta, ya todo el mundo lo saludó, él hizo lo mismo. Fué donde Natalia, le pidió la crema y una máquina de afeitar. Le cobraron, pagó y se volvió para decirle:

-Gracias-

-¡No! Gracias a vos por elegirnos-

-Bueno, si...hasta me animo a invitarte un café.¿Aceptas?-

-¡Si! ¿Por qué no? ¿Cuándo sería?-

-El viernes-

Lo sorprendió la respuesta, no la esperaba.Fue mas paciente que de costumbre hasta que llegó el viernes. En las restantes horas sólo pensó en ese encuentro.
Llegó el día. Facundo salió temprano del trabajo, se preparó y llegó al lugar convenido. Natalia tenía un vestido verde, unos aros artesanales y una cartera haciendo juego con los zapatos. La saludó, ella notó un temblor, él disimuló,y se fueron a la confiteria. Charlaron hasta el hartazgo, hasta que se animó y dijo:

-Vamos al Club San Martin-

-¡Dale!- Asintió ella.

Se levantaron de la mesa.Facundo pagó la cuenta.Tomaron un remis.Llegaron al club, ambos necesitaban aquel ruido. La tomó de la mano, ella le correspondió. Con pasos torpes él intentó bailar cuarteto.Naty se sonreía.Le dijo:

-Vas bien, no te preocupes-

-Gracias-Le dijo Facundo.

Se sentaron, pidieron algo de tomar para recuperar fuerzas, prosiguió una charla animada, hasta que comenzó a sonar un tango. Fueron a la pista, la hicieron suya. Él puso las manos en la cintura de ella, la trajo para sí.Se sorprendió, pero estaba a gusto. Se miraron, estaban seguros uno en el otro. Aquella danza los atrapó, los transportó a otro mundo, los hizo eternos.
Despues la música terminó, apagaron las luces, se miraron nuevamente, se dieron la mano y salieron de allí:Felices, ella por la noche vivida, él con la esperanza de verla nuevamente.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Desde aqui

Pensé en usted, debo decirlo. Aquel once de septiembre de 2002 cuando salia del colegio. Me impactó de momento, evidentemente bella,y más aún cuando hablé y advertí su inteligencia.
No sabe cuanto he deseado todo esto.Lo habia planeado.Pasaría por el curso, entraría con la excusa de alcanzarle un libro de temas que me habia dado la preceptora.Le diría:

- ¡Hola profe!-

-¡Hola Patricio!-

-Venia a entregarle el...el libro de temas-

- ¿Qué te pasa? ¿Por qué tiemblas?-

- Es que...es que...¡Me enamoré de usted!-

- ¿Cómo?-

- Sí, hace tiempo que no puedo dejar de soñarla, y de buscar estar cerca suyo-

De pronto, me miró, me dijo:

- ¡Yo tambien esperaba ansiosa que me lo dijeras!-

Nos besamos desenfrenadamente, sin miramientos, llevados por la pasión.Desabroché los botones de su camisa, mis manos apretaban y acariciaban sus pechos, estaba en la gloria. Luego, ella dejó de besarme, hundió sus dientes en mi cuello,  traté de soltarme y, aunque era placentero me desangró, literalmente.
Hoy escribo esto desde mi tumba.